Cuando se hace referencia a la defensa en la región es indispensable pensar en la construcción de la paz. Desde la creación de los Estados nación, los países de América Latina se han formado dándose la espalda. Las élites nacionales, articuladas a intereses extranjeros, favorecieron el comercio y las buenas relaciones con el norte sin considerar como aliados a sus vecinos del sur. Esta realidad se ha mantenido en el tiempo, alimentada por la sensación del otro como enemigo.

La posibilidad de establecer relaciones de reciprocidad entre quienes se consideran enemigos es improbable: ningún Estado estaría dispuesto a intercambiar información sobre sus recursos militares si el otro amenaza con reclamos territoriales o reflota sentimientos nacionalistas. Esto fomenta no sólo el fortalecimiento del aparato militar; también contribuye a la negativa a intercambiar cualquier tipo de información que sea considerada sensible (desde los gastos en defensa, pasando por las capacidades nucleares y los planes de los sistemas científicos y tecnológicos, hasta la inversión en innovación y desarrollo y las políticas de formación, capacitación y enseñanza).

A pesar de los diversos intentos por promover la autonomía política que tuvieron lugar desde las luchas por la independencia durante el siglo XIX hasta la década de los ́80, no se estimularon procesos de integración suramericanos que considerasen la necesidad de sanear las diferencias y construir desde la diversidad. Uno de los primeros pasos lo dieron Ricardo Alfonsín (Argentina) y José Sarney (Brasil), cuyas presidencias abrían un nuevo período democrático tras las dictaduras cívico-militares que asolaron ambos países. En este marco firmaron el Acta para la Integración Argentino-Brasileña, conocida como Declaración de Iguazú.

Desde la perspectiva de la defensa, área sensible para ambos Estados por encontrarse estrechamente vinculada con la protección de la soberanía, la firma del acta permitió el acercamiento entre ambos países. La firma de los acuerdos en materia nuclear, favorecieron los intercambios y visitas a las plantas nucleares de expertos de ambos países. En su momento, esto fue una muestra clara y contundente de la convicción en la construcción de una relación de beneficio mutuo. Hoy este vínculo se encuentra fortalecido al haberse incorporado Uruguay y Paraguay.

Otro hito hacia la integración fue la creación del MERCOSUR (1991) que, si bien en sus inicios presentó una marcada impronta comercial, puso en marcha un proceso de integración que permitió el fortalecimiento de otras áreas. En 1998, se firmó el Compromiso Político del MERCOSUR como Zona de Paz, sustentado en la paz como un valor regional y cimentado sobre un clima de confianza y cooperación entre Estados. Mediante el mismo se constituyen mecanismos de consulta y cooperación para fomentar la confianza y la seguridad, así como la solución pacífica de las controversias. De este modo se procura reemplazar viejas hipótesis de conflicto entre los Estados con mecanismos no violentos para la solución de las diferencias que pudieran surgir entre los países. En este marco se firmó el Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático en el MERCOSUR (1998), que brinda apoyo a aquellos Estados que vieran a sus democracias en peligro. Así, se vincula fuertemente el proceso de integración con el resguardo de la democracia, tal como lo establece el artículo 1 del mismo: “La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo”.

“Es indispensable preguntarnos, no qué tradiciones nos reúnen, sino que diferencias podemos transformar en complementariedades, sobre que asimetrías actuar […] La experiencia del CDS es un claro ejemplo de construcción sobre el escenario de los desacuerdos […] El CDS [permite] actuar en los intersticios de unas hegemonías internacionales en crisis. Es la primera vez que se intenta una agenda de defensa al margen de la tutela norteamericana”

Lic. Javier Ponce – Ex Ministro de Defensa de la República del Ecuador

Una característica importante del MERCOSUR en relación al fomento de las buenas relaciones fue la firma del Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático en el MERCOSUR (1998), que brinda apoyo a aquellos Estados que vieran a sus democracias en peligro. En consecuencia, se vincula fuertemente el proceso de integración con el resguardo de la democracia, tal como lo establece el artículo 1 del mismo: La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo. A este Protocolo se sumaron los Estados Asociados al MERCOSUR y fue la base del proceso de integración de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Un claro ejemplo de esto representa la suspensión política de Paraguay al MERCOSUR y la UNASUR, tras el golpe de Estado contra Fernando Lugo en junio de 2012, quien reingresa al proceso al año siguiente tras celebrarse las elecciones y restituirse el régimen democrático.

A este Protocolo se sumaron los Estados Asociados al MERCOSUR y fue la base del proceso de integración de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). La UNASUR creó –como consecuencia de un conflicto entre Ecuador y Colombia- una instancia de consulta, cooperación y coordinación en materia de defensa: el Consejo de Defensa Suramericano. Este Consejo se ha constituido en una de las áreas con mayor desarrollo en la región comprendida por la UNASUR, poniendo de relieve la importancia de contar con un foro donde intercambiar información y fortalecer los lazos con sus vecinos en materia de defensa.

Desde su creación en 2008, el Consejo de Defensa Suramericano estimuló el intercambio de información y personal -civil y militar- en el área a través de seminarios de formación; promovió la industria militar fabricando el avión de entrenamiento primario; favoreció la realización de ejercicios conjuntos entre las fuerzas de diferentes Estados en situaciones de apoyo a la comunidad así como en operaciones para el mantenimiento de la paz. En simultáneo, desarrolló actividades sobre temáticas que no habían estado vinculadas con la defensa como la incorporación de la perspectiva de género en la defensa, los recursos naturales y la producción de medicamentos.

En esta línea, se ha creado el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa para generar un pensamiento estratégico a nivel regional, que contribuya a la coordinación y armonización en materia de políticas de defensa en Suramérica. Este Centro avanzó en la compleja distinción entre seguridad y defensa, fomentando la creación de un consejo que atienda de manera exclusiva las cuestiones vinculadas con la seguridad (distinguiendo de aquellas relacionadas con la defensa nacional); la inclusión de la mujer en las Fuerzas Armadas y la defensa, y la aplicación de medidas de fomento de la confianza y seguridad. Estas últimas tienen por objeto disminuir la incertidumbre informando sobre la realización de ejercicios militares en zona de fronteras, el tenor de los acuerdos firmados en la materia con Estados extra-regionales, así como la presentación, a través de un mecanismo homologado y construido desde Suramérica, de los gastos en materia de defensa y los inventarios militares. Por otra parte, se avanzó en la creación de la Escuela Suramericana de Defensa, a fin de favorecer un espacio de formación Suramericana para civiles y militares.

La integración en el ámbito de la defensa es particularmente espinosa, bordea temas y áreas sensibles para los Estados. Por eso, iniciativas como el Consejo de Defensa Suramericano demuestran que se puede construir respetando la heterogeneidad que caracteriza a la región y crear espacios comunes para promover una integración cooperativa. El desafío consiste en repensar el rol de las fuerzas armadas en una región que va profundizando la democracia, eliminando las hipótesis de conflicto y fortaleciendo la paz.

El Dato

El Centro de Estudios Estratégicos de Defensa distingue las nociones de defensa y seguridad. La defensa es una función esencial del Estado vinculada con el mantenimiento de su soberanía y la integridad de su población, territorio e instituciones, y abarca los asuntos relacionados con el ámbito externo en función de las amenazas relativas a su existencia independiente y soberana. La seguridad adopta diferentes denominaciones (seguridad interior o seguridad ciudadana) y apunta a garantizar la paz social y los derechos políticos, civiles económicos y sociales, la estabilidad institucional del Estado y el control del orden público. El empleo de las fuerzas armadas se realiza exclusivamente en la defensa y, excepcionalmente, en situaciones que pongan en riesgo la seguridad pública.

¿Qué podés ver y leer?

Red de Seguridad y Defensa de América Latina (2014) Atlas Comparativo de la Defensa en América Latina y Caribe, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: RESDAL. Disponible en: http://www.resdal.org/ebook/AtlasRESDAL2014/

Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (2011) Informe Preliminar del CEED al Consejo de Defensa Suramericano acerca de los términos de referencia para los conceptos Seguridad y Defensa en la región Suramericana, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CEED Disponible en: http://www.ceedcds.org.ar/Espanol/09-Downloads/INFORME_CONCEPTOS_SEG_DEF.pdf

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