La grandeza de la Foresta Amazónica, la impresionante Cordillera de Los Andes, la inmensidad de los ríos de la Cuenca del Plata, la potente fertilidad de sus tierras y la gran cantidad de recursos minerales son muestras de la riqueza y belleza de Suramérica. Esta importante biodiversidad, la capacidad de generar energía, producir alimentos y extraer minerales, son algunas de las posibilidades que nos brinda para pensar el desarrollo de nuestros pueblos.

La disponibilidad de estos bienes comunes representa un gran desafío: para que tales recursos sean convertidos en agentes de desarrollo para los países de la región es necesario que sean explotados de manera sustentable y soberana.

Conforme Papa Francisco en su encíclica Laudato Si´ sobre el cuidado de la casa común “necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aún entre los creyentes, va de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega, en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva”.

En la región existen bienes naturales con carácter estratégico, cuyo valor está dado -principalmente- por la escasez de los mismos a nivel mundial y al mismo tiempo, por encontrarse en abundancia en la región. Al respecto, estos recursos naturales estratégicos suramericanos tienen una peculiaridad: no pueden pensarse en términos nacionales ya que, por lo general, son compartidos por dos o más países. Los bienes comunes son realidades transfronterizas, lo cual hace que discutir su utilización y aprovechamiento demande pensarlos en clave regional.

En Suramérica podemos mencionar cuatro ejemplos bienes comunes que la atraviesan y, también, la unifican:

  • la Selva Amazónica, con toda su biodiversidad y frondosidad, es compartida por Brasil, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Surinam y Guyana;
  • el acuífero guaraní, uno de los mayores reservorios de agua dulce subterránea en el mundo cuyo 90% es potable, extendiéndose entre Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay;
  • la Cordillera de los Andes que recorre el continente de Sur a Norte atravesando Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina;
  • el Río de la Plata, cuya desembocadura se encuentra al Sur pero es alimentada de diversas afluentes que recorren el continente.

Estas realidades ponen de manifiesto que los bienes comunes no respetan fronteras y nos requieren ser pensados ya no como elementos de división de nuestras cartografías, sino como símbolo y mojón de la unión entre los países y sus pueblos.

“Es necesario pensar la defensa de los recursos naturales de manera conjunta, no como una pérdida de soberanía, sino como una sumatoria de esfuerzos”

La interdependencia y la necesidad que el desarrollo sea pensado de manera conjunta están estrechamente ligadas a la preservación, utilización, explotación y usufructo de los bienes, para que el uso que haga de ellos un país no afecte negativamente al otro. Por ejemplo, la represa hidroeléctrica binacional Yaciretá-Apipe, ubicada en el río Paraná, que actualmente es considerada “la mayor hidroeléctrica del mundo” en lo que producción energética respecta.

El carácter transfronterizo de nuestros recursos pone en evidencia la necesidad pensar su protección, defensa y explotación desde una perspectiva integrada, considerando la región como un todo. De nada sirve la protección del recurso por parte de un Estado individualmente si el vecino no tendrá una política similar que permita su sostenibilidad.

El contexto internacional plantea otro desafío: la disputa global por los recursos naturales. La dimensión de los bienes comunes en América Latina coloca al continente en el centro del escenario internacional como un espacio de apropiación y expropiación por parte de las potencias mundiales debido a la creciente escasez de estos en otras partes del globo. Esta situación coloca a Suramérica como un espacio geopolítico y geoestratégico y pone de relieve la necesidad de fortalecer el control sobre estos recursos para defender la soberanía e independencia de los Estados y la región en su conjunto.

Los Jefes y Jefas de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), plantearon un eje de trabajo transversal a todos sus consejos sectoriales con el objetivo de establecer una Estrategia continental sobre los recursos naturales sustentada en una visión compartida que: “considere el enorme potencial que tiene la región suramericana, que es depositaria de ingentes recursos naturales de la más diversa índole, diversidad biológica y una invaluable riqueza cultural y humana”. En este sentido se desarrollaron diferentes estudios que intentan comprender la complejidad de los recursos naturales para pensar en un nuevo tipo de regulación a través del andamiaje de políticas regionales que traten de manera similar a cada uno de ellos. Esta tarea no es sencilla: se vincula a los recursos naturales con la industria, la salud y la defensa, comprendiendo que el desarrollo de nuestros pueblos sólo será posible mediante el acercamiento multidisciplinario y transversal de estos recursos cada vez más estratégicos para el crecimiento regional y mundial. De allí la necesidad de pensar su protección no solo integralmente sino regionalmente.

La cooperación e integración permiten elaborar herramientas para que el aprovechamiento tenga lugar de manera conjunta y armónica; garantice una explotación ecológicamente responsable y contribuya al acceso de estas riquezas de manera sustentable y sostenible, para estas generaciones y las próximas.

Finalmente, es necesario destacar la noción de soberanía, ya que la explotación de recursos naturales puede ser fuente de conflictos y desentendimientos de carácter bilateral o regional. En este sentido, los procesos de integración regional permiten acercar posiciones entre los países, construir consensos, resolver conflictos y pensar la explotación y defensa de los bienes comunes de manera conjunta, proponiéndose políticas que comprendan la complejidad que tienen los recursos naturales.

El Dato

Con una superficie de casi 18 millones de kilómetros cuadrados y una población de 400 millones de habitantes la región posee el 28,9% del total de los recursos hídricos globales; reservas y producción de minerales combustibles/energéticos no convencionales y convencionales: el 19,5% de las reservas de petróleo crudo del mundo; reservas mundiales de minerales críticos: 90% del Litio, 95% de Niobio, 42% de Plata y 43% de Cobre; 5 de los 17 países megadiversos del mundo son suramericanos contando nuestra región con la mayor riqueza en biodiversidad del planeta.

¿Qué podés ver y leer?

Sumo Pontífice Francisco (2015) Carta Encíclica LAUDATO SI’ sobre el cuidado de la Casa Común. 24 de mayo del 2015.

Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (2015) Estudio Suramérica 2025, Buenos Aires: CEED. Disponible en: http://www.ceedcds.org.ar/Espanol/05-DocInf/05-07-Recursos-Naturales.html http://www.ceedcds.org.ar/Espanol/05-DocInf/05-07-Recursos-Naturales.html

CEPAL-UNASUR (2013) Recursos naturales en UNASUR. Situación y tendencias para una agenda de desarrollo regional, Santiago de Chile: CEPAL. Disponible en: http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3116/S2013072_es.pdf?sequence=1 http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/3116/S2013072_es.pdf?sequence=1

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