• Darcy Ribeiro (1922-1997)

    Por

    Joaquín Salzberg

Cuando a Darcy Ribeiro le preguntaban quién era, el acostumbraba compararse con una serpiente. No porque fuera venenoso. Todo lo contrario. Se refería a que él y “las serpientes cambian de piel de vez en cuando”. Y es que resulta difícil catalogar a este multifascético brasileño. Darcy Ribeiro nació el 22 de octubre de 1926 en la ciudad de Montes Carlos, al norte del estado brasileño de Minas Gerais. A los 17 años se trasladó a Belo Horizonte con el objetivo de estudiar medicina pero rápidamente descubrió un interés más grande por las ciencias sociales, se matriculó en la Facultad de Sociología y Política de San Pablo donde se graduó de etnólogo indigenista. Esta fue una de las primeras “pieles” que Ribeiro vistió en su vida.

 

Durante casi una década se dedicó a estudiar distintas comunidades nativas, como los guaraní, los kadiwéu, los oti-xavante, los boroto y los urubus-kaapor. Desde entonces Darcy trabajó intensamente por el reconocimiento del valor de estas culturas ancestrales, fundando el Museo del Indio, organizando el primer posgrado de Antropología Cultural de Brasil y contribuyendo a la creación del Parque Nacional Indígena del Xingú.

 

“Soy un hombre de causas. Viví siempre rezando, luchando como un cruzado, por las causas que me conmueven. Ellas son muchas: salvación de los indios, escolarización de los niños, reforma agraria, el socialismo en libertad, la universidad necesaria. La verdad sumé más fracasos que victorias en muchas de estas luchas. Pero eso no importa. Horrible sería haber quedado al lado de los que nos vencieron en esas batallas” (Brasil como problema, 1995)

 

La “piel” de educador es otra de las que lució, él mismo relata: “luché contra el analfabetismo y por la reforma universitaria con más pasión que sabiduría pedagógica. Y no me fue mal. Terminé como ministro de educación de mi país y fundador y primer rector de la Universidad de Brasilia”.

 

A medida que pasaba el tiempo se hacía más evidente que Ribeiro, además de un académico e investigador, era un hombre de acción y trabajo concreto. “Siempre fui, en toda mi vida adulta, un ciudadano consciente de mí mismo como un ser dotado de derechos y responsable de deberes. Sobre todo, del deber de intervenir en este mundo para mejorarlo”. Este compromiso le sumo otra “piel”, la de político militante. La participación en el gobierno de Joao Goulart como ministro de distintas áreas, le deparó el exilio luego del golpe de Estado del 31 de marzo de 1964, lo cual lo llevó a recorrer Latinoamérica, participando en varios programas de reforma universitaria, dando clases en universidades de Uruguay y Venezuela y asesorando presidentes como el chileno, Salvador Allende, y el peruano, Velasco Alvarado.

 

Fue así que las ideas de Darcy se revistieron de una nueva piel, una latinoamericana. En el exilio, Ribeiro empieza a preguntarse por el lugar de Brasil en América, y de América en el mundo. Se pregunta si es que existe efectivamente una América Latina, cuestiona cómo construir una sociedad que sea decente y le inquieta cómo hacer un mundo de paz. Esto lo lleva a dibujar un sueño: la creación de una “Federación de Estados Latinoamericanos Meridionales” que permita a las civilizaciones latinas enfrentar con más eficacia la hegemonía cultural de los “Estados Unidos Septentrionales”.

Su latinoamericanismo, no contemplaba solamente una alianza entre las elites de los países de la región, sino que era pensada como una oportunidad para la incorporación de los grupos minoritarios, marginales y olvidados por los sectores dominantes. La cuestión residía en descubrir la “auténtica” cultura latinoamericana en la cual el mundo indígena y la civilización eran compatibles.

 

En 1976, pudo regresar a Brasil: “de vuelta del exilio recupere todas mis pieles (…) luchando por mis viejas causas: salvación de los indios, educación popular, la universidad necesaria, el desarrollo nacional, la democracia, la libertad”, durante su gestión como vicegobernador del Estado de Río de Janeiro inauguró 500 escuelas de tiempo completo -un proyecto pedagógico innovador que combinaba educación formal y no formal- y construyó el famoso “sambódromo”, ideado como el lugar donde pueden desfilar todas las escuelas de samba de la ciudad durante el carnaval.

 

¿Cuál de todas estas pieles es la que más define al latinoamericanista que fue Darcy Ribeiro? ¿La de etnólogo, la de educador, o acaso la de político o escritor? Aquí preferimos recordarlo como un realizador incansable de ideas sobre un mundo mejor que no podía aceptar que se quedara en simplemente eso, ideas. En palabras de él: “En América Latina seremos todos resignados o indignados. Yo no me resignaré nunca”.

Un Hecho

Al terminar la universidad comenzó a trabajar en el Servicio de Protección a los Indios del Brasil. Como etnólogo, vivió largos períodos junto a comunidades indígenas, descubriendo su cultura, sus dolores, sus valores. Esa experiencia lo cambiaría para siempre y el resto de su vida fue una lucha por la defensa de los marginados y la integración de todos ellos, empezando por los indígenas, a la sociedad latinoamericana.

¿Qué podés ver y leer?

Darcy Ribeiro (1970), “Las Américas y la Civilización” Darcy Ribeiro (1986), “El dilema de América Latina: estructuras del poder y fuerzas insurgentes” Darcy Riberio (1984), “La civilizavión emergente”, en Nueva Sociedad, Sitio Web: http://nuso.org/articulo/la-civilizacion-emergente/ Darcy Ribeiro (1995) Documental “O Povo Brasileño” https://www.youtube.com/watch?v=eqlcHGj4f7k (En Portugués) Fundación Darcy Ribeiro: http://www.fundar.org.br (En Portugués) Perfil en la Academia Brasilera de Letras: http://www.academia.org.br/academicos/darcy-ribeiro (En Portugués) Galería de fotos: http://www.fundar.org.br/controller.php?pagina=19

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