• Eduardo Galeano (1940–2015)

    Por

    Gabriela Bourguignon

Escritor, cronista y periodista, Eduardo Galeano es considerado uno de los mayores escritores latinoamericanos de todos los tiempos; en palabras de sus colegas, el uruguayo representó la voz y la palabra de Nuestra América.

 

En su obra se propuso recuperar y poner en valor el acervo de las experiencias originales del continente. Galeano sostuvo que América Latina no sólo ha sufrido el despojo del oro y de la plata, del salitre y del caucho, del cobre y del petróleo: también ha sufrido la usurpación de la memoria. Ésta había sido sepultada por una versión de la historia forjada en los grandes centros de poder. Una historia al servicio de los vencedores que en cada relato borraba todo vestigio de unión y lucha por la emancipación del continente.

 

En 1971 publicó Las venas abiertas de América Latina, libro que le vale un sinfín de reconocimientos y marca la consagración de su estilo literario: textos conformados por pequeñas viñetas donde se condensan y combinan de manera magistral las historias del padecimiento de los pueblos latinoamericanos, datos precisos dignos de un investigador y una belleza literaria única.

 

“Esta región nuestra forma parte de una América latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia. Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.”

 

En su obra posterior –entre otros, se destacan Vagamundo (1973); Días y noches de amor y de guerra (1978); Memoria del fuego (1982); Espejos (2008), y Los hijos de los días(2011)- se termina de perfilar tanto su estilo literario como una actitud desafiante frente a los relatos establecidos por la historia oficial. Galeano puso en valor las voces de los humillados, los excluidos, los oprimidos; frente a las figuras masculinas y criollas, el montevideano ensalzó el protagonismo que desempeñaron las mujeres, los pueblos originarios y los inmigrantes en las luchas por la emancipación política y cultural de Latinoamérica.

 

La historia, para Galeano, representaba un arma de doble filo: es útil para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos –es decir, para situarnos como sujetos históricos-; pero también puede transformarse en veneno cuando usurpa el lugar de la esperanza. En Memoria del Fuego, sostiene: Yo fui un pésimo estudiante de historia. Las clases de historia eran como visitas al Museo de Cera o a la Región de los Muertos. El pasado estaba quieto, hueco, mudo. Nos enseñaban el tiempo pasado para que nos resignáramos. La imagen cifra una advertencia: el peligro de repetir la historia en lugar de hacerla. Por eso sus libros pueden verse como artefactos que convocan y buscan presentar la memoria viva del continente; una memoria que alimenta las luchas y las esperanzas.

 

“Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos.”

 

A Galeano ningún tema le resulta ajeno: sus historias se nutren de la economía, la historia y la política; en sus crónicas se entremezclan las costumbres y las pasiones de nuestro pueblo. Su obra, que alcanzó reconocimiento global, conservó siempre un sabor amargo para el paladar de los vencedores: sus libros fueron censurados durante las dictaduras cívico-militares uruguaya (1973-1985) y argentina (1976-1983). El autor de Nosotros decimos no, fue perseguido a ambos márgenes del Río de la Plata, por lo que debió exiliarse. La política del terror no acalló su voz: habíamos comido miedo al desayuno, miedo al almuerzo, y a la cena, miedo; pero no habían logrado convertirnos en ellos.

 

Pero la censura, como un efecto boomerang, no hizo más que acrecentar la popularidad del uruguayo. En 1985, al retornar a Montevideo, Galeano comprueba que la prohibición que había recaído sobre sus libros se había vuelto la mejor propaganda: sus textos circulaban de mano en mano y las historias que narraban se transmitían de boca en boca. Estaban más vivos que nunca.

 

En 2008, el MERCOSUR lo designó Primer Ciudadano Ilustre. La decisión del Consejo del Mercado Común de otorgarle a él esta distinción se basa en los importantes aportes realizados a la cultura, a la identidad latinoamericana y a la integración regional. En el discurso de recepción del premio, Galeano afirmó: Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias.

 

Galeano nos enseñó que en Nuestra América, los Días y Noches son de Amor y de Guerra, que se vive el Fútbol a Sol y Sombra, que nos recorren los Abrazos, pero sobre todo, nos demostró que nuestro continente, aún hoy, tiene Las Venas Abiertas. Nosotros, Los Hijos de los Días, podemos ponerlo Patas Arriba, sin Ser Como Ellos, sin ser Espejos del primer mundo, recuperando las Voces de Nuestro Tiempo, las de hombres y mujeres que puedan, de una vez y para siempre, cantar La Canción de Nosotros.

 

Galeano nos enseñó que en Nuestra América, los Días y Noches son de Amor y de Guerra, que se vive el Fútbol a Sol y Sombra, que nos recorren los Abrazos, pero sobre todo, nos demostró que nuestro continente, aún hoy, tiene Las Venas Abiertas. Nosotros, Los Hijos de los Días, podemos ponerlo Patas Arriba, sin Ser Como Ellos, sin ser Espejos del primer mundo, recuperando las Voces de Nuestro Tiempo, las de hombres y mujeres que puedan, de una vez y para siempre, cantar La Canción de Nosotros.

Un Hecho

En 2008, el Consejo del Mercado Común, órgano decisor del MERCOSUR, distinguió a Eduardo Galeano como Primer Ciudadano Ilustre de la región. La decisión se basó en los importantes aportes que ha realizado a la cultura, a la identidad latinoamericana y a la integración regional. Galeano sobrepasó las fronteras de Uruguay recuperando voces e historias de Nuestra América, tanto de los grandes personajes, a los cuales la historia oficial les ha dado la espalda, como de pequeños hacedores cotidianos de la región. Al narrar las emociones, costumbres y pasiones que conforman nuestras identidades latinoamericanas contribuyó a que podamos pensarnos desde palabras e imágenes propias, reconociendo elementos comunes que atraviesan los diversos países del continente. En palabras de Rosinha (en ese momento Presidente del PARLASUR) gracias a Galeano descubrimos la explicación de nuestra dependencia, nuestro distanciamiento de hermanos latinoamericanos y la posibilidad de superación de un estado de cosas que afectaban a todos nosotros, en los diversos países de nuestra América.

¿Qué podés ver y leer?

Galeano, Eduardo (1971), Las venas abiertas de América Latina, Buenos Aires: Siglo XXI Editores. Galeano, Eduardo (1982-84), Memoria del Fuego, Buenos Aires: Siglo XXI Editores. Galeano, Eduardo (2011) Los hijos de los días, Buenos Aires: Siglo XXI Editores. Podés encontrar una entrevista a Eduardo Galeano realizada por Felipe Pigna en: http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/g/galeano_felipe_pigna.php Canal Encuentro permite que puedas interiorizarte en: los días de Galeano: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=103305y la vida según Galeano: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=106548

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