• Energía

    Por

    Ignacio Sabbatella

Suramérica cuenta con un enorme potencial energético: sus reservas de hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón), sus caudalosos cursos de agua para la generación de energía hidroeléctrica, su elevada disponibilidad de vientos y radiación solar para transformarla en energías renovables, además de las capacidades tecnológicas existentes en materia de biocombustibles y energía nuclear forman parte de su patrimonio natural. Pero la desigual distribución de los recursos determina que una parte de los países de la región sea excedentaria en relación a su consumo y otra parte de los mismos se vea obligada a importar hidrocarburos y derivados para satisfacer sus necesidades internas.

 

La integración estratégica es un proceso que debe estar conducido por los Estados a través de las empresas públicas, siguiendo criterios de complementariedad y cooperación. En el caso de las energías no renovables, el intercambio debe ajustarse a su carácter estratégico y a la sostenibilidad de su explotación.

 

Existe, en principio, una situación de complementariedad entre países exportadores e importadores, por lo que el intercambio energético se muestra como una iniciativa ventajosa para toda la región. La situación de complementariedad puede restringirse a sus aspectos comerciales, o bien puede extenderse a una visión estratégica de integración regional. En otras palabras, las opciones a seguir en torno a los intercambios energéticos se mueven, con una serie de matices en el medio, entre reducirlo a una operación de compra-venta o ampliarlo a la implementación de acuerdos de cooperación políticos, económicos y tecnológicos.

 

La primera opción es la que predominó durante la década del ́90, cuando proliferaron los acuerdos de liberalización comercial promovidos fundamentalmente por el sector privado para expandir sus mercados y maximizar sus ganancias. Recursos energéticos no renovables como el petróleo y el gas natural fueron reducidos a un commodity, es decir a una mercancía exportable y sin valor agregado, sin reparar en la insostenibilidad de su sobreexplotación en el largo plazo. A tal fin se hicieron obras de interconexión como oleoductos y gasoductos (promovidos por iniciativas privadas) mientras que los Estados cumplieron un rol de garante del intercambio. Esto es lo que denominamos integración energética neoliberal.

 

La otra opción es la integración estratégica, proceso que necesariamente debe estar conducido por los Estados a través de empresas públicas, siguiendo criterios de complementariedad y cooperación. En el caso de las energías no renovables, el intercambio debe ajustarse a su carácter estratégico y a la sostenibilidad de su explotación. Los acuerdos buscan contribuir a la seguridad energética de cada uno de los países y de la región en su conjunto, entendiendo este término como la disponibilidad de fuentes energéticas adecuadas, confiables y a precios accesibles para satisfacer la demanda interna, asegurando el desarrollo económico y el bienestar de la población. La proximidad geográfica es un elemento vital para enfrentar eventuales interrupciones del comercio internacional provocadas por la inestabilidad política o los conflictos armados en las regiones productoras o de tránsito.

 

Por otra parte, la integración estratégica permite el desarrollo de megaproyectos que un país por sí sólo no podría poner en marcha, o el aprovechamiento compartido de recursos limítrofes, como el caso de las grandes represas binacionales de Salto Grande (argentino-uruguaya), Itaipú (brasileño-paraguaya) y Yacyretá (argentino-paraguaya). Asimismo, la interconexión eléctrica permite la transferencia de excedentes estacionales de energía.

 

Finalmente, la profundización de un proceso de integración con visión estratégica debería facilitar la transferencia de conocimientos y el desarrollo tecnológico regional con el fin de reducir la dependencia de los países centrales y fortalecer la soberanía energética de cada uno de los países de la región.

 

El Dato

Las reservas de petróleo de Suramérica en 2011 ascendían a 324.419 millones de barriles (que equivalen al 19,6% de las reservas a nivel mundial), mientras que las de gas natural sumaban 253,35 billones de pies cúbicos (y representaban el 3,4% del total mundial). Si se suman todos los recursos energéticos y se toman a los 12 países de la UNASUR como una unidad, el balance energético da cuenta de un bloque autosuficiente y que inclusive cuenta con saldos exportables.

¿Qué podés ver y leer?

Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) http://www.olade.org/ Consejo Energético Suramericano de Unasur http://www.unasursg.org/es/node/22 Corporación Andina de Fomento (2013). Energía: una visión sobre los retos y oportunidades en América Latina y el Caribe. Caracas: CAF. UNASUR-OLADE (2012). UNASUR: un espacio que consolida la integración energética. Quito: UNASUR. UNASUR-OLADE (2013). Potencial de Recursos Energéticos y Minerales en América del Sur: Coincidencias Jurídicas hacia una estrategia Regional. Quito: OLADE.

Invitación a editar

Si querés editar este artículo (sumar, acotar, agregar referencias, etc), podés hacerlo en esta versión de edición abierta: https://docs.google.com/document/d/19gsQ0cuejFkBngE8nzwuItfeCb-gk9zmHh1umnXw_RU/edit?usp=sharing