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Fondo de Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM)

En todo proceso de integración regional existen diferencias de múltiples tipos entre los Estados que lo componen. La mera concepción de un proceso de integración regional, por el contrario, debería partir del supuesto de la complementariedad y la solidaridad entre Estados soberanos con particularidades y características que les son propias.

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Esto sucede dentro del MERCOSUR. Existen asimetrías o diferencias de diferentes características. Algunas de ellas son estructurales, es decir que se vinculan con la geografía de dichos países, con su composición demográfica, con cuestiones climáticas, productivas, etc. Esas diferencias, a su vez, conviven con asimetrías de otro tipo, que podemos denominar no estructurales o regulatorias, es decir, las resultantes de la adopción de diferentes políticas y decisiones tomadas por cada uno de los gobiernos en diferentes momentos históricos. Como ejemplo, podemos decir, desde el punto de vista estructural, que Brasil tiene el territorio más extenso, con más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, mientras que la superficie de Uruguay es de 176 mil kilómetros cuadrados. Sin embargo, si miramos la totalidad de todo lo que produce, Brasil está lejos de sus socios: su Producto Bruto Interno (PBI) es de 2,023.528 millones de dólares; mientras que Paraguay tiene un PBI de 30.943 millones de dólares. Ahora bien, complejicemos un poco esta idea, e introduzcamos las decisiones políticas que toma un Estado, si el valor monetario de todo lo que produce se divide por la cantidad de personas, Uruguay tiene el PBI per cápita más elevado, es decir, es el país que mejor distribuye su riqueza entre toda la población. Desde otro punto de vista, las políticas de apoyo estatal a diversos sectores son disímiles en los cuatro Estados Parte. Este panorama muestra lo difícil que resulta consensuar políticas en un esquema regional cuando existen tantas diferencias y necesidades, además de resaltar el rol fundamental de responsabilidad de los países “más grandes” en relación con los “más pequeños”. Estas últimas, son asimetrías no estrucutrales o regulatorias.

 

 

Como fruto de la profundización y complejización del proceso de integración que ha atravesado el MERCOSUR a lo largo de su historia y en el marco del cambio de enfoque en las prioridades del proyecto regional, en el año 2003 se concluyó que estas asimetrías, que sin duda perjudican más fuertemente a los Estados menos favorecidos del bloque (Uruguay y Paraguay), deben tratarse desde una perspectiva inclusiva y solidaria, que permita revertir dichas desigualdades y generar un crecimiento tanto del bloque como de cada uno de sus Estados. Estas políticas se enmarcan en lo que se conoce como Consenso de Buenos Aires.

 

 

En este contexto, en julio de 2005 nació el Fondo de Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), el cual se constituyó en el instrumento más importante y eficiente a la hora de reducir las asimetrías d y brindar nuevas oportunidades a los países más pequeños del bloque. Su función consiste, fundamentalmente, en financiar proyectos agrupados en cuatro ejes prioritarios:

 

 

Convergencia estructural: proyectos destinados a contribuir al desarrollo de las economías menores y regiones menos desarrolladas, incluyendo el mejoramiento de los sistemas de integración fronteriza y de los sistemas de comunicación en general;

 

Cohesión social: en este marco, los proyectos contribuyen al desarrollo social, en particular en las zonas de frontera, y pueden incluir propuestas de interés comunitario en áreas de salud humana, educación, reducción de la pobreza y del desempleo;

 

Desarrollo de la competitividad: los proyectos presentados en el marco de este Programa propenden a mejorar la competitividad de las actividades productivas del MERCOSUR, incluyendo procesos de reconversión productiva y laboral que faciliten la creación de comercio intra-MERCOSUR y proyectos de integración de cadenas productivas y de fortalecimiento de la institucionalidad pública y privada en los aspectos vinculados a la calidad de la producción. A su vez, deberán contribuir a la investigación científica y tecnológica y el desarrollo de nuevos productos y procesos productivos;

 

Fortalecimiento de la Estructura Institucional y del Proceso de Integración: atienden el mejoramiento de la estructura institucional del MERCOSUR y su eventual desarrollo, así como la profundización del proceso de integración. Una vez cumplidos los objetivos de los proyectos, las estructuras y actividades que pudieran resultar serán financiadas en partes iguales por los Estados Partes.

 

Una de las particularidades del FOCEM es la lógica mediante la cual se financian y evalúan los proyectos: con el fin de que los países más pequeños sean beneficiados y rompiendo con toda lógica de primacía del más poderosos, los miembros que más recursos aportan son aquellos que menos reciben. Al mismo tiempo, los fondos otorgados a través del financiamiento de los proyectos no son reembolsables.

 

A partir del 2015 y anualmente el FOCEM recauda un total de 127 millones de dólares, de los cuales Brasil aporta el 55,12% de ese fondo, le siguen Argentina y Venezuela aportan el 21,26%, luego Uruguay con el 1,5% y por último Paraguay con el 0,79%. Inversamente, Brasil, Argentina y Venezuela se benefician cada uno con el 9,19%, mientras que Uruguay recibe el 29,05% y Paraguay el 43,65%.

 

Esta lógica basada en la cooperación –o responsabilidad asimétrica– ha permitido que se financien proyectos que favorezcan estratégicamente a todo el bloque, es decir, al conjunto; y que, a su vez, se achiquen las distancias que separan a los miembros de la región.

El FOCEM, por lo tanto, refuerza la noción de construir una región inclusiva todos/as juntos, priorizando el desarrollo integral y equitativo.

 

Página oficial del FOCEM: http://www.mercosur.int/focem/