• Frontera

    Por

    Gabriela Bourguignon

“Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias” – Eduardo Galeano

¿Qué pensamos cuando hablamos de frontera? Habrá quienes piensen en límites, mapas, división, aduana, separación entre estados. Pero también podemos pensar en la frontera como un espacio de integración, de relación entre pueblos, de intercambio y comunicación.

 

Lo cierto es que, si tomamos su definición geopolítica, la palabra frontera se relaciona con la demarcación de la soberanía de un Estado en un territorio determinado, es decir, señala hasta dónde tiene autoridad un Estado. No obstante, ésta definición ha adquirido diferentes sentidos a lo largo de la historia de los países que conforman el MERCOSUR, que pueden agruparse en tres grupos.

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En primer lugar, ha existido una definición de frontera como separación de un “otro” que es distinto a mí y que, incluso, puede ser mi enemigo. En este sentido, las fronteras debían ser espacios de defensa, donde la presencia militar armada vele por la seguridad del Estado frente a las amenazas de los países vecinos. Esta definición fue utilizada por los países que integran el MERCOSUR durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, siendo el ejemplo más extremo el caso de las dictaduras militares, dónde la interacción, en términos de integración con los otros estados, era prácticamente nula y, como en el caso del Plan Cóndor, se limitaba a la coordinación para promover el terrorismo de Estado a nivel regional.

 

En segundo lugar, existe una definición de frontera adoptada a partir de la fundación del MERCOSUR en el año 1991. Durante sus primeros años, el MERCOSUR adoptó una definición de frontera que se alejaba de la idea de defensa militar, y se centraba en la libre circulación de mercancías. Esta definición se condecía con el modelo de integración que representaba el MERCOSUR en ese momento: el regionalismo abierto, que buscaba una integración que se limitaba, solamente, al ámbito comercial, a partir de la apertura de las aduanas.

 

En este sentido, ésta idea de liberar las fronteras se concentraba, tan sólo, en las mercancías, dejando de lado temas como la libre circulación de personas, el desarrollo de las zonas fronterizas o la integración socio-cultural entre los pueblos.

 

En tercer lugar, en los últimos años, el MERCOSUR ha ampliado sus objetivos, buscando ser cada vez más inclusivo, incorporando nuevos temas en su agenda de trabajo que sobrepasan el comercial, tales como temas de integración socio-cultural, defensa de la democracia, promoción de la participación, entre otros. En este marco, la idea de frontera cobra un nuevo sentido, al reconocer las áreas fronterizas como espacios donde se manifiestan de forma cotidiana las relaciones entre pueblos diferentes, dónde es posible promover la integración productiva, social y cultural, y donde se deben destinar políticas sociales a sus pobladores, más allá de su nacionalidad. Por otro lado, las fronteras dejaron de ser un obstáculo para la libre circulación de personas: hoy existen diversos mecanismos que nos permiten pasar de un país del MERCOSUR a otro sin necesidad de presentar variedad de papeles o de permanecer mucho tiempo en la aduana: por ejemplo, podemos ingresar a otro país del MERCOSUR presentando, solamente, nuestro documento de identidad.

 

¿Esto significa que hoy no hay más fronteras entre los países del MERCOSUR? No: aún existen variados intereses por los que las fronteras siguen implicando límites y divisiones, e incluso, muchas veces, retornamos a las ideas del siglo XIX y XX, cuando entramos en conflictos con otros estados. Más aún, las fronteras siguen diferenciando un “nosotros” de un “ellos”, siendo que los nacionalismos siguen siendo fuertes, por lo que uruguayos, argentinos, brasileros y paraguayos, seguimos considerándonos diferentes.

 

Pero, ¿está mal que existan estas diferencias? Lo cierto es que no, promover una profundización de la integración latinoamericana basada en la inclusión no implica eliminar las diferencias, sino conocernos para integrarnos en nuestra diversidad, respetando las características propias de cada pueblo, sólo así podremos borrar, como dijo Galeano, las fronteras del alma y ser patriotas de varias patrias.

 

El Dato

Una de las zonas fronterizas más renombradas del MERCOSUR es la Triple Frontera, la cual comprende, principalmente, las ciudades de Foz de Iguazú (Brasil), Ciudad del Este (Paraguay) y Puerto Iguazú (Argentina). Pero en esta región no convergen tan sólo paraguayos, argentinos y brasileros; también habitan chinos, árabes, coreanos, alemanes y pobladores originarios, constituyéndose en un claro ejemplo de cómo las zonas fronterizas conforman áreas de convergencia entre pueblos diversos, dónde el intercambio cultural es un fenómeno cotidiano.

¿Qué podés ver y leer?

La red Mercociudades tiene diferentes publicaciones vinculadas a las fronteras del Mercosur. [Disponible en: http://portal.mercociudades.net/%5D La película El Baño del Papa, de Enrique Fernández y Carlos Charlone narra las iniciativas de los habitantes de Melo -ciudad uruguaya ubicada cerca de la frontera con Brasil- a partir de la visita del Papa. El documental La Triple Frontera de la serie Horizontes de Canal Encuentro aborda la noción de fronteras y su relación con el surgimiento de los Estados nacionales. [Disponible en: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=105905%5D

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