• Independencias y Revoluciones

    Por

    Leticia González, Lucas Magliola
    y Emanuel Porcelli

El vasto territorio de América Latina ha sido un espacio de disputas políticas vinculadas con la construcción de una identidad nacional y regional. En tal sentido, desde el inicio de los procesos independentistas, a finales del Siglo XVIII, existieron dos modelos en pugna respecto del desarrollo y la vinculación de los nuevos Estados americanos entre sí y con el resto del mundo.

Por un lado, podemos distinguir a aquellos pensadores y políticos defensores de la “Patria Grande“-, que abogaron por una unión basada en una articulación solidaria y autónoma de todo el territorio comprendido por las ex colonias europeas, amparándose en la existencia de principios históricos, sociales y culturales semejantes, reconociendo una herencia común como fundamento para el proceso integracionista. La unidad, tanto política como económica de las naciones, era vista como una alternativa frente a las amenazas externas y los nuevos intentos colonizadores, así como también la base para el crecimiento sostenido y el bienestar de los pueblos. Esta corriente no concebía la fragmentación territorial pues el destino de estas naciones debía ser uno.

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Por otro lado, gran parte de las elites portuarias y/o vinculadas al comercio que pugnaban por proyectos locales, a partir de la disgregación unitaria de las nuevas naciones, en el marco del nuevo patrón de subordinación colonial basado meramente en relaciones económicas e intercambios comerciales de tipo librecambista que beneficiaban a esa elite. La fragmentación del territorio y la desarticulación en proyectos nacionales no cooperativos eran el principal eje, al tiempo que se buscaba fortalecer las relaciones con Europa y Norteamérica.

 

Fueron los defensores de este segundo proyecto quienes triunfaron durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX. Este proceso al que Alberto Methol Ferré y Jorge Abelardo Ramos denomina de balcanización regional fue concebido desde los centros de poder global con apoyos locales e identificados ideológicamente para favorecer a ciertos intereses económicos. Los principales impulsores de estas políticas fueron Inglaterra y Francia, en primera instancia y, posteriormente, los Estados Unidos, quienes a su vez llevaron adelante un proceso de colonización cultural que permitió a las elites dominantes justificar la adopción de este tipo de modelo. En la ejecución de este proceso fueron centrales las disputas políticas dentro de cada uno de los países y su posterior traslado a la esfera regional.

 

Haití, que había sido colonia española y luego francesa, fue el primero de los territorios en liberarse, tras las revoluciones iniciadas en 1790 y 1791 (influenciadas por la propia Revolución Francesa) y logra declararse independiente en el año 1804. Cabe señalar que la revolución de independencia Haitiana fue la primera (y única en nuestro continente) encabezada por negros esclavos.

 

“Perón hablaba de la segunda independencia. Yo prefiero hablar de la independencia porque no creo que sea la segunda. Es la misma. Es la misma bendita independencia que nunca hemos logrado” Hugo Chávez, Ciclo de Entrevistas Presidentes de Latinoamérica

 

En la América hispánica las luchas enmancipatorias comienzan junto con la invasión napoleónica a España en 1808. El 25 de mayo de 1809 en la ciudad de Chuquisaca (actual Sucre, Bolivia), la Real Audiencia de Charcas, con el apoyo del claustro universitario y sectores independentistas, destituyeron al gobernador y formaron una junta de gobierno. Este proceso se repetirá en los años subsiguientes en el Rio de la Plata, México, Venezuela y Nueva Granada. Como parte de ese proceso de balcanización de 5 unidades políticas en dependían de la metrópoli española terminaran conformándose 19 Estados independientes.

 

Diferente es, sin lugar a dudas, el caso del Brasil. Luego de la presencia de los reyes de Portugal en Rio de Janeiro (escapando de la avanzada napoleónica sobre Lisboa) y del proceso de disputa entre 1822 y 1825, se establece la disolución del Reino Unido de Portugal, Brasil y el Algarve y se forma el Imperio de Brasil bajo el reinado de Pedro I.

 

Cuba, la última de las colonias hispanas en territorio americano, se convertirá en un Estado independiente luego de un largo proceso de guerra por su independencia iniciado en 1868 que finalizará, luego de la guerra entre Estados Unidos y España con los acuerdos de Paris del 10 de diciembre de 1898 en donde se concuerda la futura independencia de Cuba, que se concretará en 1902, y España cede Puerto Rico en el Caribe, Filipinas y Guam en Asia a los Estados Unidos.

 

No es hasta los procesos de descolonización de los años sesenta y setenta que el caribe de raíz anglo y francoparlante logrará su independencia. El último territorio que logró independizarse políticamente de sus conquistadores fue la isla caribeña de San Cristóbal y Nieves, hasta 1983 colonia del Reino Unido.

 

Como resultado, América Latina se dividió en 31 Estados libres, que cubrieron todo el territorio antes colonizado por España, Portugal, Francia, el Reino Unido y Holanda, desde México en el Norte hasta Argentina en el Sur.

 

El proceso de independencia, entonces, estuvo centrado en la separación de los territorios suramericanos, la erradicación de los proyectos de unión política entre las ex colonias y la generación de antinomias entre las nuevas Naciones. Si bien a priori los territorios coloniales lograron emanciparse de los imperios que los gobernaban, se generó un proceso neo-colonial, que perpetuó la subordinación económica y comercial a las potencias mundiales, en detrimento de una verdadera emancipación de los territorios regionales que permitiera el desarrollo y la autonomía de toda Suramérica.

 

Frente a este escenario, las naciones latinoamericanas tuvieron que esperar más de un siglo para que los ideales de aquellos que pensaron en términos de una “Patria Grande” comenzaran a plasmarse en hechos concretos. A pesar de contar con un sinfín de limitaciones y errores, estos intentos tuvieron el valor de romper con las políticas aplicadas hasta ese momento, buscando un cambio de rumbo significativo y mostrándose como los primeros proyectos regionales que apuntaron a la unidad y la emancipación de América Latina, sustentados en el pensamiento de la construcción de una región por y para sí misma.

¿Qué podés ver y leer?

Recomendamos la serie revoluciones del Canal Encuentro: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/Programas/ver?rec_id=105714

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