• Juan Carlos Puig (1928-1989)

    Por

    Emanuel Porcelli

Juan Carlos Puig (Rosario, 1928 – Caracas, 1989) fue un abogado y diplomático argentino, fundador de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario y un académico que trabajó la relación entre la dependencia y la autonomía de los países periféricos1. En 1973 fue el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Héctor J. Cámpora y luego del golpe de estado de 1976 tuvo que exiliarse en Venezuela donde fue profesor de la Universidad Simón Bolívar de Caracas.

 

Es considerado como uno de los referentes argentinos más destacados en la producción académica de las relaciones internacionales. Sus escritos reflejaron ideas novedosas en torno al derecho internacional, la política internacional, la política exterior argentina y la ciencia política. Fue autor de 12 libros y compilador de una obra colectiva seminal, participó en publicaciones conjuntas y publicó artículos en numerosas revistas especializadas del país y del exterior. Además, fue un destacado académico con proyección política que aportó un enfoque particular al análisis tanto de la coyuntura como de las tendencias de la política mundial.

 

“La integración en sí misma no es autonomizante. En el fondo es instrumental y su sentido del objetivo que se fije. Tal vez porque los objetivos no fueron propiamente autonómicos es que no han avanzado decididamente los procesos de integración de América Latina” (Puig, 1980:154)

 

Juan Carlos Puig indicó la necesidad de realizar análisis más profundos que para comprender estructuralmente [la política internacional de nuestros países] mediante la selección de variables relevantes y significativas. Estas variables permitirían, al menos, delinear las tendencias relevantes profundas y apreciar los errores y aciertos en función del logro de una mayor autonomía para el país. Entendiendo al sistema internacional como anárquico, Puig encontró los elementos que sustentan la existencia de la autonomía (Puig, 1984).

 

El primero de esos elementos es la división de funciones, lo que permitió que caracterice a los actores internacionales en tres grupos:

  • los repartidores supremos son los gobernantes de las superpotencias mundiales y quienes toman decisiones y supervisan su cumplimiento;
  • los repartidores inferiores son los mandatarios de los demás Estados, que ejecutan esas decisiones;
  • el resto de los habitantes del mundo, son los recipiendarios, los que obedecen (Puig, 1980).

 

De la combinación de ellos se permitió la determinación de la existencia de la anarquía en el sistema internacional, entendida tanto como la ausencia de una autoridad superior a los Estados Nación, como así también la existencia de flexibilidad, por la cual aparecen ciertos resquicios para defender los intereses nacionales del país.

 

A partir de esto, Puig modeliza las opciones de política exterior para un país de la periferia a partir de cuatro posibilidades: la Dependencia Para-Colonial, la Dependencia Nacional, la Autonomía Heterodoxa y la Autonomía Secesionista.

 

La Dependencia Para-Colonial, es el modelo en el cual el Estado posee formalmente un gobierno soberano y no es una colonia, pero en realidad los grupos que detentan el poder efectivo en la sociedad nacional no constituyen otra cosa que un apéndice del aparato gubernativo y de la estructura del poder real de otro Estado. 1 Antes de explicar con mayor profundidad qué es la autonomía para un Estado, repasemos las definiciones de la Real Academia Española:

 

En un modelo de Dependencia Nacional, los grupos que detentan el poder real racionalizan la dependencia y, por tanto, se fijan fines propios que pueden llegar a conformar un proyecto nacional compartido globalmente en sus rasgos esenciales. La existencia de un proyecto nacional marcó la diferencia con el modelo de dependencia para-colonial, ya que se impusieron algunos límites a la influencia, en principio determinante, de la potencia imperial.

 

La diferencia entre estas categorías está en que es útil distinguir entre una situación caracterizada porque el aparato gubernativo formal y los grupos que ostentan el poder real (los repartidores supremos en la órbita nacional) se sienten parte del régimen metropolitano, y otra en que la dependencia se encuentra racionalizada.

 

La Autonomía Heterodoxa es la opción de política exterior cuando el país periférico acepta la primacía de la metrópoli pero puede tener divergencias en torno a que: a) el modelo de desarrollo interno pueda no coincidir con las expectativas de la metrópoli; b) en que las relaciones internacionales del país periférico no sean alineadas globalmente con la metrópoli; y, c) se separa el interés nacional de la potencia dominante y el interés estratégico del bloque. En la Autonomía Heterodoxa no hay confrontación, ni desafío en los temas centrales de la metrópoli: en palabras del autor La vocación autonómica de tipo heterodoxo supone que existe una aceptación del liderato de la o las Potencias dominantes y que en cuestiones realmente cruciales, los periféricos optaran por responder a las aspiraciones del centro. La existencia de agendas de conflicto entre un estado central y otro periférico, no son un problema para este último siempre que su estrategia adecuada para implementar sea la autonomía heterodoxa en donde el punto de vista de un Estado periférico y dependiente, es la de conocer con razonable exactitud el punto crucial en que los intereses cotidianos se convierten en vitales(Puig, 1980; 1984).

 

Por último, la Autonomía Secesionista[es un] desafío global. El país periférico corta el cordón umbilical que lo unía a la metrópoli. Esta etapa no es recomendable, para el autor, ya que agota los recursos nacionales y puede derivar en una situación absolutamente contraria a la deseada.

 

La aparición del concepto de Autonomía determinó, no solo la construcción de conceptos para pensar y explicar la Política Exterior de un país como Argentina, sino que también construyó el campo disciplinar de la Política Exterior Argentina. Fue un salto cualitativo frente a sus predecesoras, la historia diplomática y la geopolítica, ya que la Política Exterior, gracias al concepto de Autonomía estuvo más próxima a una reflexión teórica, desde la crítica a los estudios económicos cepalinos y de la teoría de la dependencia, donde se instalaron los pilares de una episteme para la política exterior.

¿Qué podés ver y leer?

Briceño Ruiz, J. y Simonoff, A. (Eds) (2015). Integración y cooperación regional en América Latina Una relectura a partir de la teoría de la autonomía. Buenos Aires, Argentina: Editorial Biblios. Puig, J. C. (1980). Doctrinas internacionales y Autonomía latinoamericana. Caracas, Universidad Simón Bolívar, Instituto de Altos Estudios de América Latina. Puig, J. C. (1984) América Latina: políticas exteriores comparadas. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano. Simonoff, A. (2012) Teorías en movimiento. Los orígenes disciplinares de la política exterior y sus interpretaciones históricas. Rosario: Prohistoria Ediciones.

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