• Juan Domingo Perón (1895-1974)

    Por

    Juan Facundo Muciaccia

“El sistema capitalista impuso su ley y se ha ufanado en destacar sus conquistas técnicas y científicas, se ha guardado muy bien de confesar que, aparte del empeño de los técnicos y hombres de ciencia, todo el esfuerzo material ha gravitado sobre las nobles espaldas de los trabajadores y de los pueblos sometidos, a los que jamás les han llegado, en proporción a sus sacrificios, los beneficios de tales conquistas que, en muchos casos, más bien han servido para la destrucción y la muerte. El despertar de una nueva conciencia social en marcha hace pensar que, si en la etapa industrial fue posible la explotación del hombre y de los pueblos sometidos al colonialismo imperialista, en la etapa postindustrial, que ya se anuncia, no será posible seguir con semejantes métodos y sistemas. En este 1968 ya soplan vientos de fronda para los contumaces reaccionarios de otros tiempos. Comienza ya “la hora de los pueblos”, caracterizada por la liberación de las naciones del yugo opresor de los imperialismos como por la supresión de la injusticia social” Hora de los Pueblos.

 

En su versión original (el del primer peronismo de 1945 a 1955), el peronismo sostuvo tres banderas: justicia social, independencia económica y soberanía política. Estas tres banderas significaron  la expresión de un proyecto popular que se constituía desde el Estado en oposición al proyecto político oligárquico que había dado forma durante cincuenta años un país que era precisamente el reverso negativo de las tres banderas: la nación dependía económicamente y se encontraba condicionada en términos políticos por las necesidades y requerimientos de Gran Bretaña y la realidad social mostraba una inequidad creciente que se completaba con la exclusión económica y política de sectores cada vez más amplios de la población.

 

El sentido y significado que expresaron las banderas del peronismo, fueron así, claros e inequívocos. La justicia social implicaba la redistribución y la extensión de los beneficios economicos y sociales que hasta entonces alcanzaban a una pequeña proporción de la población a todo el pueblo argentino. La independencia económica significaba lograr la industrialización nacional y el autoabastecimiento energético nacionalizando los rubros económicos claves en ese sentido y favoreciendo una industrialización sustitutiva con un rol interventor fuerte del Estado. La soberanía política significaba recuperar la toma de decisiones estratégicas de la Nación desde y para la propia Nación sin tener que seguir necesariamente al poder hegemónico británico y, para la inmediata posguerra, norteamericano. Este carácter soberano de la política nacional tenía como correlato interno la ampliación de la participación política y la permanente apelación al voto como respaldo de las políticas públicas.

 

En este período, el logro de las tres banderas del peronismo tenía como sustrato y espacio territorial a la República Argentina. Era, para decirlo gráficamente, un proyecto acotado a nuestras fronteras nacionales. Aún era posible y pensable un proyecto nacional fuertemente autónomo, buscando un destino nacional “en paralelo” con el de otras naciones. Sin embargo, no paso mucho tiempo hasta que el mismo Perón advirtió los límites que imponían esas fronteras territoriales.  Las economías de los países sudamericanos eran economías incompletas, es decir, estructuralmente dependientes, por lo que ninguna de ellas podría lograr completar todas las fases del desarrollo económico de manera aislada. Fue entonces que resurgió con asombrosa vitalidad la idea de unión latinoamericana heredada de nuestros libertadores. A nuestro origen cultural común se le sumaba la necesidad de complementarnos en materia económica para lograr la independencia.

 

Juan Perón pensaba que el desarrollo de la Argentina estaba profundamente ligado a la consolidación de un proyecto regional mediante todas las potencialidades que se plasman en el eje de alianza Argentina- Brasil. El despliegue industrial argentino estaba condenado a toparse con límites muy estrechos, porque no surge ninguna potencia industrial sobre una sustitución de importaciones apoyándose en un mercado de 16 o 20 millones de habitantes. Methol Ferre lo plantea de una manera muy clara:

“Tempranamente en la política de Perón se plantea el dilema de la imposibilidad de un mercado internismo puro. Él tenía una expresión que repitió continuamente “No somos una economía completa”. (Methol Ferre 2009:59)

 

Siguiendo esta posición, vemos la tradición hispanoamericana con respecto a la integración regional en el pensamiento de Perón y en su política de acercamiento a los vecinos de la región. Perón introduce una variable novedosa al delimitar el espacio de integración al  bloque suramericano mediante el ABC (Argentina, Brasil, Chile),  incluyendo como  variable estratégica al  Brasil como eje  de aglutinación central. De esta forma, se lograría la independencia económica  y  se daría lugar a la construcción de un Estado Continental Sudamericano que afrontara los nuevos desafíos y aprovechara las posibilidades quedaba la escena internacional en el corto y el largo plazo.

 

“Ni Argentina, Brasil o Chile aislados pueden soñar con la unidad económica indispensable para alcanzar un destino de grandeza. Unidos forman, sin embargo, la más formidable unidad a caballo de los dos océanos de la civilización moderna. Desde esa base podría construirse hacia el norte la Confederación Sudamericana. Unidos seremos inconquistables; separados, indefendibles”. (Juan Domingo Perón)

Para él la construcción de una complementación económica basada en solidaridad era fundamental para lograr la liberación nacional y la independencia de la región. Desde esta perspectiva nace el ABC (Argentina, Brasil y Chile) de 1949, donde se presenta como una propuesta de integración desde la perspectiva sudamericana hacia el mundo en reconstrucción. A pesar del fracaso del ABC, esta experiencia logro plasmar la idea de que que no se podía pensar la región si la alianza argentino-brasileña no era una unidad en sí misma, el núcleo básico de aglutinación. Esta alianza era el único centro que hacía posible que Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, en definitiva que todo el resto de América del Sur, “(…) pudiera integrarse, no hay otra alternativa. Esa es la única realidad para una política latinoamericana. Otra cosa sólo será literatura (…)” (Methol Ferre 2009:60).

 

Los Tratados de Complementación Económica perseguían inicialmente interesar a los países hermano del continente  en una acción económica común de mutua defensa como punto de partida para una integración  ulterior de mayores alcances, con los siguientes objetivos:

 

A. Evitar divisiones que pudieran ser utilizadas para explotarnos aisladamente
B. Crear, gracias un mercado ampliado y sin fronteras interiores, las condiciones más favorables para la utilización del progreso técnico  y la expansión económica
C. Mejorar el nivel de vida de nuestros 200 millones de habitantes
D. Dar a Latinoamérica, frente el dinamismo de los “grandes” y el despertar de los continentes, el puesto  que debe corresponderle en los asuntos mundiales
E. Crear las bases de los futuros Estados Unidos de Sud América.

 

En este sentido, el artículo “Confederaciones continentales” tiene tres ideas básicas. La primera: el pasaje sucesivo del nacionalismo al continentalismo, antesala del mundialismo. Estaríamos en la era de los Continentalismos. Así se ha repetido incansablemente en Argentina esta perspectiva de Perón, pero nunca se ha hecho en medio siglo el menor estudio de su génesis y fundamento. Quedó en estribillo o mero eslogan. La segunda idea: la necesidad de un “núcleo básico de aglutinación”, que fuera “base operativa polifacética” para el proceso de unificación latinoamericano, más bien suramericano. Y que ese “núcleo básico” estuviera constituido por Argentina, Brasil y Chile. El nuevo ABC.

El Dato

En 1951 Perón propone crear un Nuevo Pacto del ABC entre Argentina, Brasil y Chile para la consecución de un mercado ampliado. El Nuevo ABC pretendía construirse sobre el anterior Pacto del ABC del año 1915: este último se titulaba Pacto de No Agresión, Consulta y Arbitraje y fue acordado entre Chile, Argentina y Brasil en pos de contestar la influencia norteamericana en los asuntos sudamericanos de entonces. La modalidad de negociación consistió en reuniones del propio Perón con Ibáñez en Chile y Vargas en Brasil. No prosperó ya que fue obstaculizado por los sectores económicos tradicionales y por las propias instituciones de gobierno –como las Cancillerías, y en especial la brasilera–. Los detalles de la negociación salen a la luz en un discurso que pronuncia el Gral. Perón en la Escuela de Guerra en el año 1953.

¿Qué podés ver y leer?

Juan Domingo Perón (1968)  América Latina Ahora o Nunca. Methol Ferré, Alberto (2009). Los Estados Continentales y el Mercosur. Ed. Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche. Buenos Aires

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